sábado, 29 de septiembre de 2012

La Alameda Juan Sarabia


Desde la segunda mitad del año 2011 se comenzaron a realizar algunas obras al que conocemos como puente de Avenida Universidad, construido en los tiempos del Gobernador Rocha para cruzar por arriba de las vías del Ferrocarril y dar continuidad a la Avenida del mismo nombre. Durante la administración del profesor Carlos Jonguitud Barrios ese puente fue ampliado de dos a cuatro carriles, en una administración gubernamental posterior se hicieron algunos cambios a la circulación de Av. Universidad, en el tramo de la alameda, ocasionando que la circulación de oriente a poniente quedara en un solo carril del puente que desembocaba a la alameda por el lado oriente; ahora, a mas de 30 años de su remodelación, en lugar de realizarle alguna reparación mayor, que sí la necesita, se procedió a hacerle una nueva ampliación, quedando la bajada hacia la alameda en el lado oriente, de uno a dos carriles en una curva accidentada, para esto han robado a la alameda casi mil metros cuadrados de ese lado, arrancando de raíz uno que otro árbol viejo. Quienes lo han hecho (sin mala voluntad y en pro del “progreso”) no consideraron el hecho histórico de que en otro tiempo constituyó un costo pecuniario a la población para evitar que esta fuera arrebatada del patrimonio de la ciudad, como lo platicaremos mas abajo.

Lo que conocemos actualmente como Alameda Juan Sarabia fue en tiempos de la Colonia la Huerta del Convento del Carmen y estaba bardeada por altos muros.

Fue en 1857, cuando durante el proceso de la reforma fueron enajenados los bienes eclesiásticos por el supremo gobierno federal, cuando la huerta dejó de ser tal para los Carmelitas y en 1859 el Gobernador Vicente Chico Sein, durante su primer periodo como tal, solicitó ese espacio al general Santos Degollado para convertirlo en un espacio de paseo y esparcimiento de la población. El predio fue otorgado; se abrieron necesariamente algunas puertas para que la gente pudiera acceder, pero sus bardas permanecieron en pié todavía 19 años mas, tiempo en el cual no sufrió mas arreglo, que el de hacerlo público.

En 1878 se hacían planes, se firmaban convenios y suscribían capitales para que el ferrocarril llegara a San Luis. Eran dos compañías ferroviarias las que querían pasar por estas tierras, la primera del Ferrocarril Central que invitó a inversionistas potosinos, con buena respuesta, a sumarse al proyecto que tendería vía de Tampico a Aguascalientes, la segunda compañía, que fue la primera que estableció su tendido y estación fue la de Ferrocarril Nacional Mexicano, con auspicio del Gobierno Federal encabezado por Porfirio Días. Esta última compañía quería establecer su terminal justo sobre la alameda, cosa que privaría a la población de su único lugar de paseo y esparcimiento familiar. De no ceder la alameda para tal efecto la compañía establecería su estación y patios más allá de las Terceras. José Encarnación Ipiña ofreció una fuerte cantidad para el rescate de la alameda, sugiriendo que con ese dinero se adquirieran algunas manzanas al lado oriente de la alameda, para que se construyera la estación, la población y el ayuntamiento secundaron la oferta del Sr. Ipiña, aportando dinero para adquirir los predios necesarios, no obstante, también hubo críticas a esa iniciativa porque don José Encarnación sería al final el mas beneficiado con el hecho de que la estación y patios quedaran en una zona céntrica, porque sería, de entrada, el principal usuario del nuevo transporte de carga.

Fue entonces cuando a la alameda se le prestó la atención debida, le fueron derribadas las bardas, se trazaron calles y se procedió a plantar árboles y plantas de ornato.

Primero se le conoció, por breve tiempo como “Paseo de la Reforma” y después “Paseo de la Constitución”, convirtiéndose además de un lugar de paseo familiar en una importante plaza cívica donde se realizaban las ceremonias de los festejos del 5 de Mayo y 16 de Septiembre, amén de los que se realizaron con motivo de la llegada del Ferrocarril en 1888, que según cuentan fueron de lo mas fastuosos y organizados.

En el año de 1889 fue colocado el primer monumento al centro de la alameda, la escultura de Miguel Hidalgo que apenas unos años antes estaba en la Plaza de Armas y es de las mejores esculturas que se han hecho en San Luis o para San Luis.

En el año de 1910 la Colonia Alemana construyó en la alameda el lago de los patos y el faro, como una aportación a los festejos del primer centenario de la independencia.

Se construyó también un kiosco donde se daban serenatas y se hacían mítines políticos, justamente en uno de esos mítines, en la década de los veinte, Aurelio Manrique perdió sus barbas cuando un grupo de adversarios comandados por Gonzalo N. Santos, llegó intempestivamente y lo agredieron desgarrando sus ropas y trasquilando su pelo y barba. Ese Kiosco fue retirado probablemente en la década de los cuarenta y vuelto a construir hace aproximadamente 10 años.

Desde principios del siglo XX el paseo de la constitución comenzó a conocerse indistintamente como paseo y alameda, siendo mas frecuente cada vez llamarle alameda y fue hasta el año de 1932 cuando recibió oficialmente el nombre de “Alameda Juan Sarabia en honor al periodista y político liberal potosino Juan Sarabia Díaz de León.

Para conocer más:
Luis Edgardo Coronado Guel: La alameda potosina ante la llegada del ferrocarril. Espacio, poder e institucionalización de la ciudad moderna en San Luis Potosí, 1878-1890
Luis Antonio Castro Prieto: Aquel San Luis de los años veinte
Gonzalo N. Santos: Memorias

Fotografías de las colecciones de: Adrián René Contreras (cronista popular); Eduardo López Cruz (cronista popular); y Martha Carrillo (cronista gráfico).

viernes, 9 de septiembre de 2011

Ricardo B. Anaya




El oriente de la ciudad de San Luis Potosí, claramente delimitado por el distribuidor Juárez o Distribuidor Tangamanga y entre las carreteras a México y Rioverde, hasta poco más allá del anillo periférico, donde se junta con la delegación de Pozos, y se comparte esta zona, al norte con el municipio de Soledad de Graciano Sánchez.
Existe una importante arteria que sirve de referencia que sirve de referencia para ubicar la zona y es Ricardo B. Anaya, así cuando alguien hace referencia de su ubicación dice simplemente —por la B. Anaya— refiriéndose a esta avenida que es hoy en día una de las calles comerciales mas importantes de San Luis; sin embargo son pocas las personas que saben quien fue Ricardo B. Anaya y menos los que conocen el significado de la misteriosa “B”
Ricardo B. Anaya fue un sacerdote potosino, doctorado en Ciencias Sociales, Económicas y Políticas.
Nació en esta ciudad el 14 de Junio de 1893, en la entonces calle de Cabrera, hoy Lerdo de Tejada, del popular barrio de San Sebastián, fue hijo de don Ricardo Anaya y Aranda y doña Dolores Legorreta e Isassi de Anaya.
Su padre murió cinco meses antes de que naciera Ricardo B. Anaya, su madre vivió hasta el 11 de julio de 1937.
Fue el quinto hijo del Matrimonio Anaya Legorreta, aunque tres de sus hermanos fallecieron muy pequeños, sobreviviendo únicamente el mayor de ellos, de nombre Ignacio.
Fue bautizado el 6 de julio de 1893 en la parroquia de San Sebastián con el nombre de Ricardo Basilio, Ricardo en honor a su padre fallecido y Basilio por el Santo conmemorado el día de su nacimiento, sus padrinos fueron don Lorenzo Cortina y doña Josefa Débora de Cortina.
Su primera comunión la recibió de manos del presbítero Manuel Campa.
Sus primeros conocimientos escolares los adquirió en la escuela de don Calletano Cardona; sus estudios fueron auspiciados por los sacerdotes Pascual Ramos y el Sr. Cura Sosa (¿?)
Ingresó al seminario el 1º de enero de 1905, a la edad de 12 años. En ese tiempo el Seminario se encontraba en la Calle del Apartado o del Mesón de San Francisco, hoy Calle de Madero, donde actualmente es la casa de la Acción Católica.
Recibió las órdenes menores el 11 de noviembre de 1911 en el oratorio privado del Obispo Ignacio Montes de Oca.
En 1914, durante el periodo carrancista, siendo Gobernador y Comandante Militar el General Eulalio Gutiérrez, fueron desterrados la mayoría de los sacerdotes de San Luis Potosí, se expropiaron los bienes eclesiásticos, entre los que estaba el seminario conciliar, se expulsó de este a los alumnos y se demolió el viejo templo de Tequisquiapan.
El Gobierno de Gutierrez fue tan intransigente con la Religión Católica que llegó incluso a prohibir las confesiones, a menos que fueran en artículo de muerte y en presencia de un oficial del ejército.
Al quedar fuera del Seminario, Ricardo B. Anaya aprovechó el tiempo para trabajar y contribuir al sostenimiento de su madre y al mismo tiempo prestaba atención a la catequesis en San Miguelito y San Juan de Guadalupe y junto con otros seminaristas expulsados solicitó la clase de “Dogma” al dominico Elías González Fierro y la de “Moral” a Fray Manuel de los Ángeles Castro.
En ese tiempo se le asignaron los puestos de Sacristán Mayor de Catedral, Oficial Mayor de la Mitra y Archivista y Contador.
A nombre propio y de los otros seminaristas, solicitó pasar a otra diócesis para ser ordenados sacerdotes, `petición que les fue denegada y posteriormente, en 1919, Ricardo B. Anaya lo solicitó por carta al Obispo Montes de Oca, que se encontraba en Europa y este le autorizó pasar al Seminario de San Carlos Borromeo en Filadelfia, EUA, para presentar su examen final, ahí ingresó el 10 de septiembre de 1919, donde previo al examen hizo un repaso de ambas teologías, hizo el 2º curso de Derecho, el 3º de Hermenéutica, el 4º de rúbricas y el 2º de Historia Eclesiástica.
En Octubre de 1920 llegó la autorización para que los seminaristas Esteban Sánchez, Luis Salazar, Jesús T. Martínez, Carlos S. Moctezuma, Juan Licea y Ricardo B. Anaya pasaran a la diócesis de Zacatecas a ordenarse. Así el 26 de Diciembre de 1920, en la catedral de Zacatecas fueron ordenados por el entonces Obispo de aquella diócesis, el Sr. Miguel M. de la Mora.
El día 8 de enero de 1921 celebró su primera misa en el templo parroquial de San Miguelito.
El Obispo Miguel M. de la Mora lo envió al Instituto Católico de París donde obtuvo el título de Doctor en Ciencias Sociales, Económicas y Políticas, el 27 de agosto de 1927, con la tesis “Le conflict religieux au Mexique” (El conflicto religioso en México). Una copia de esta tesis se encuentra en la Delegación Apostólica de Washington.
Antes de regresar a México fue invitado a Londres para dictar una conferencia sobre “La persecución religiosa en México” y regresó posteriormente a américa por los EEUU, pero tuvo que permanecer un tiempo en San Antonio, Tex. Por enmcontrarse cerradas las fronteras, fue hasta septiembre de 1929 que pudo ingresar a México y regresar a San Luis Potosí, donde de inmediato recibió diferentes encargos, entre los principales: organizar la acción católica y hacerse cargo de la capilla de Guadalupe.
Organizó “El Círculo Cultural Obrero”, La Unión de Obreras de la Aguja”, “La Unión de Empleadas Católicas” a la que se anexó la de profesoras, “Las Uniones de Cargadores y Molineros”, “El Patronato de Obreros” y las Sociedades Parroquiales de Auxilio Mutuo, y además era maestro del Seminario Conciliar.
Además de su activa labor Social y religiosa, era un magnífico orador y como diplomático mejoró las relaciones entre la Iglesia y el Estado en San Luis Potosí, y cultivó una estrecha amistad con Gonzalo N. Santos, quien en su libro “Memorias”, documenta esa amistad y lo menciona en repetidas ocasiones con afectuosas palabras, fue su interlocutor en asuntos religiosos, además de consultarle cosas del orden social; decía que Ricardo B. Anaya era un hombre íntegro en toda la extensión de la palabra.
Desde 1914, el Seminario en la calle de Madero había sido expropiado por el gobierno y en su lugar fue colocada la Escuela Normal del Estado, que funcionaba en precarias condiciones, el padre Anaya comenzó a gestionar con Gonzalo N. Santos la devolución del inmueble y sugirió la creación del edificio de la Normal del Estado, cuando el Gobernador visitó la Normal en el viejo Seminario, y se dio cuenta de las condiciones en que estudiaban los futuros maestros, no lo pensó mas y construyó el edificio de la Normal del Estado en los terrenos de la antigua cervecería y le puso el nombre de su hermano Pedro Antonio Santos y entregó el antiguo seminario a Ricardo B. Anaya, con la única condicionante de que nunca mas volviera a funcionar como seminario. Ricardo B. Anaya formó una Asociación Civil que fue la receptora oficial del inmueble, lo acondicionó decorosamente y dio albergue a las asociaciones fundadas, principalmente a la Acción Católica..
Entre algunas obras materiales que también realizó se encuentra la Casa del Sacerdote en la esquina de Iturbide e Independencia y la “Casa de Formación de la Joven campesina, realizada en 1946.
Entre las obras escritas por Ricardo B. Anaya se encuentran “Monografíoa del Seminario Conciliar de San Luis Potosí, Memorias de un viaje y Curso para propagadores de la Acción Católica..
Murió el 11 de Marzo de 1962 en el Sanatorio Español de la Ciudad de México, siendo trasladado de inmediato a la ciudad de San Luis Potosí, para ser velado el día 12 en la Capilla de Guadalupe.
Ofició sus honras fúnebres el Obispo don Luis Cabrera Cruz. Actualmente sus restos reposan en la misma Capilla de Guadalupe


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Bibliografía
J. Gerardo Garhdez: Presidentes de México y Gobernadores de San Luis Potosí.
Gonzalo N. Santos: Memorias
Guadalupe Torre López: Mini biografía del Sr. Pbro. Dr. Dn. Ricardo B. Anaya
Guadalupe Torre López: Instantáneas del Padre Anaya. servicio de amor
Pbro. Dr. Ricardo B. Anaya; Memorias de un viaje. Lejano Oriente y España

jueves, 31 de marzo de 2011

La Calle de Zaragoza en San Luis Potosí

Toda ciudad antigua que se precie de linaje o abolengo tiene, aunque no lo sepa alguna calle con historia relacionada a lo mismo.






No es propiamente la calle principal en la actualidad, pero en su momento lo fue por tener entre su vecindario las principales personalidades de su tiempo sin decir con esto las personas mas ricas que no es lo mismo.


En San Luis Potosí la calle de Zaragoza ha tenido una importancia muy especial y casi desde siempre ha tenido la misma medida tanto a lo largo como a lo ancho, actualmente es una calle peatonal que va desde el lado suroeste de la plaza de armas hasta la antigua “Calle de la Alegría” hoy parte de la calle Pascual M. Hernández, frente a lo que fuera la Plaza de la Merced, ahora Jardín Colón y ha sido conocida en otros tiempos con nombres diferentes, primero como la “Calle de la Concepción”, luego como “Calle de San Lorenzo” cuando llevaba hasta una ermita que fue erigida a fines del siglo XVI por don Gabriel Ortiz de Fuenmayor, (de la que ya les platicaré en otra ocasión) y su penúltimo nombre y el que mas permanencia tuvo en el tiempo fue el de “Calle de la Merced”, desde la primera mitad del siglo XVII hasta apenas entrando el siglo XIX cuando recibió el nombre de “Calle de Zaragoza” en honor al General Ignacio Zaragoza.



A lo largo de esta calle fueron construidas grandes fincas donde habitaron personalidades como Félix María Calleja del Rey que vivió según se cuenta en dos casas diferentes en la misma calle, la mas conocida es donde se encuentran los hermosos balcones del lado poniente donde comienza la calle y el otro punto en la esquina con Universidad. Los Liñán que construyeron la enorme finca que llevó ese nombre durante siglos y que está en contra esquina de la Plaza de Aranzazu, donde actualmente hay unas oficinas de Hacienda y en la que curiosamente nunca vivió la familia Liñán; Germán Gedovius vivió en contra esquina de lo que es el Hotel Filher, cuando se construyó este, fue la tienda mas importante de telas en su tiempo, también ese edificio fue el obispado a fines de los años veinte del siglo XX; Don Octaviano Cabrera Ipiña vivió en esa calle hasta su muerte. Ahí estuvieron grandes negociaciones como “Al Libro Mayor” (donde vivían los Kaiser) al principio de la calle y “La Cubana” al final de la misma.


En la esquina de Zaragoza con Iturbide, casa de los Kaiser, estuvo durante más de 70 años en el siglo XX, un termómetro grande, que en realidad fueron dos, el primero de Mercurio duró mas de 40 años y fue reemplazado cuando lo rompió una granizada, por otro de alcohol que funcionó mas de 30 años hasta principios de este siglo y una vez roto por las mismas razones que el anterior, fue retirado definitivamente. Se le consideraba el Termómetro de la ciudad, a donde podía recurrir cualquiera que quisiera conocer la temperatura ambiente.



La calle de Zaragoza es hoy en día prácticamente una calle comercial, son ya muy pocas las familias que viven en esa calle, se perdieron muchas de esas fincas de las que nos hablan los viejos cronistas algunas están escondidas tras locales comerciales, pero sigue siendo una calle importante y de negociaciones que sirven referencia en San Luis Potosí, como en sus tiempos lo fue “La tienda de don Luis Villalpando”, “Los Laboratorios Gliser”,que son los laboratorios homeopáticos mas importantes de México; El mismo Hotel Filher que parece ya no será mas y por supuesto “La Cubana” que es hoy en día la tienda mas antigua de San Luis con casi 160 años de existencia.

sábado, 26 de marzo de 2011

Las Bicicletas en San Luis Potosí.


La bicicleta es uno de los inventos que parece permanecerán vigente desde su creación alrededor de 1818; invento que se atribuye al alemán Karl von Drais, no tenía pedales, era simplemente una barra o tabla con un asiento y dos ruedas, la forma de impulsarse era alternando los pies sobre el piso, algo así como correr montados en este objeto al que llamaron velocípedo y que en el año de 1830 un obrero escocés de nombre Kirkpatrik Mac Millan le agregó un mecanismo de pedales para ser accionada con los pies, naciendo así el prototipo de la bicicleta moderna y en la segunda mitad del siglo XIX alrededor del año 1860 Pierre Michaux le agregó los pedales como los conocemos actualmente, pero estos iban en la llanta delantera, en seguida le fueron adicionadas las llantas de caucho, después el Sr. Dunlop aportó los neumáticos inflables que mas tarde perfeccionaron los hermanos Michelín, haciéndola mas cómoda y suave en su manejo.
Buscando hacerla mas veloz, en Francia es creada por James Starley en 1870 la bicicleta de rueda alta y quince años después, en 1885 John Kemp Starley de Inglaterra le agrega la transmisión de cadena convirtiéndola en una máquina no sólo mas veloz sino mas segura, desde entonces la bicicleta no tuvo muchas modificaciones ni adiciones mecánicas importantes, hasta 1960 en que es creada la bicicleta de pista en los Estados Unidos de Norte América y en la década de los setenta la bicicleta de montaña.
En México, en general y en San Luis Potosí en lo particular, fue un gran acontecimiento, reservado primero para la gente citadina de clase media y alta; era un juguete de lujo y pronto se convirtió en el pasatiempo favorito de los jóvenes para pasear montados en ellas.
De los paseos en bicicleta siguieron las competencias de velocidad y ya a principios del siglo XX las mujeres montaban en unas bicicletas con el cuadro modificado para ellas.
En los años veinte del sigloXX pasó por San Luis un ciclista solitario, al parecer Guatemalteco, que recorría todo México con la meta de llegar a New York; su presencia fue motivo de admiración, fue hospedado en el Hotel España y tanto su esfuerzo como simpatía influyó positivamente en los potosinos, por el ciclismo deportivo. Por esos años veinte, cuando se puso en función el aeródromo que era una gran planicie donde ahora está la colonia burócrata y alrededores, se acondicionaron algunas partes para competencias atléticas y carreras de bicicletas, desde entonces el ciclismo en San Luis se practica con cierta regularidad, surgiendo grandes figuras y promotores de este deporte del que mencionaré a don Héctor Hernández sin agravio de nadie, pero este señor merece ser mencionado por haber sido durante muchos años un impulsor promotor y patrocinador de este deporte del que podemos presumir en San Luis al contar con una de las fábricas de bicicletas que compiten en tecnología y calidad con las mejores del mundo, “La fábrica de Bicicletas Mercurio” que tiene filiales en otros países.
Al uso de la bicicleta como vehículo para paseos y deporte le vinieron otros importantes, el principal obviamente para transportarse económicamente de su casa al trabajo, siguiendo como vehículo para reparto, aún hoy en día es el transporte favorito de repartidores de periódico y de correspondencia. Los lecheros le adicionaron una angosta parrilla sobre la rueda trasera, donde colgaban sus botes de acero y recorrían la ciudad para hacer sus repartos, lo mismo hacían los vendedores de aguamiel y pulque con sus barriles semicilíndricos colgados en la bicicleta, los afiladores que se anunciaban con un silbato de de varios tonos le adaptaban sus herramientas a la bicicleta.
Ya en las dos o tres décadas finales del siglo XX la bicicleta perdió uso como transporte y surgieron muchos modelos para diferentes usos deportivos, sin embargo en los años recientes y haciendo conciencia ecológica, las autoridades potosinas han tratado de impulsar nuevamente el uso de la bicicleta como importante medio de transporte personal, ahora sólo falta que a esta idea siga la infraestructura vial para hacer factible esta brillante idea que en países como Holanda (donde hasta la reina monta en bicicleta) y la polucionada China usa cotidianamente.

viernes, 18 de marzo de 2011

La inundación del 33 en San Luis Potosí

Muchas cosas sucedieron en el San Luis del siglo XX que afectaron a la población, pero tal vez la más grande catástrofe fue la inundación de 1933, tan grave fue, que parece querer borrarse de la memoria del pueblo al grado de que en este siglo se confunden fechas y ya nadie recuerda la magnitud del acontecimiento.
En San Luis existía la presa “La Constancia”, mas antigua y de menor capacidad que la “Presa de San José”, ambas estaban sobre el lecho del Río Santiago de tal modo que el agua que derramaba de la de San José era captada por la Constancia a la que en esas fechas ya había perdido el nombre y se le conocía como la Represa y años después como la “Contra-presa”.

Pues sucedió que en la tarde del 14 de Septiembre de 1933 comenzó a llover torrencialmente y el aguacero no paró durante toda la noche y madrugada del 15 en que amainó la lluvia, aún cuando se dieron ligeras lloviznas durante el día, no habrían de impedir los preparativos para la tradicional ceremonia del “Grito”, conmemorando el CXXIII aniversario de la iniciación de la Independencia Patria. Era viernes, los que no estaban concentrados en la Plaza de Armas estaban recogidos en sus casas, muchos ya dormidos antes de las 10 de la noche. Faltaban pocos minutos para que dieran las 11 que es la hora en que las autoridades del Estado Salen al balcón de palacio en esa fecha para hacer la ceremonia, cuando fuertes voces comenzaron a gritar “Se reventó la presa, se reventó la presa”, la gente comenzó a correr rumbo sus hogares esperando encontrar con bien a sus familias y los que estaban con sus familias corrían hacia el Santuario de Guadalupe que era la zona mas alta; en lo que cuento esto, el agua ya había llegado hasta el centro, en algunos lugares a una altura de 80 centímetros como lo muestran unos clavos que se colocaron después en algunos edificios y que son hoy en día el testimonio mudo y olvidado de aquella inundación. Actualmente muy pocos saben que son y por que se colocaron ahí esas marcas.

Considerando que el Centro de la ciudad es o al menos era la mitad de la ciudad, así como la de mediana altura entre los barrios pegados al Río Santiago y el Santuario de Guadalupe, tal vez podamos imaginarnos hasta donde llegó el agua en las zonas mas bajas, pero no fue que subiera el agua, fue una ola voraz que arrazo con todo lo que encontró a su paso, una gigantesca ola que se formó al romperse la cortina de la Presa la Constancia dejando escapar de un solo golpe “Seis millones de barriles de agua”.

Los primeros en sufrir el golpe de agua fueron los habitantes de la fracción de Morales, en seguida los de Santiago y siguieron Tlaxcala, el montecillo y Soledad.
Santiago y Tlaxcala fueron los barrios que mas sufrieron el embate porque a ellos les llegó el agua con todo lo que venía arrastrando de Morales.
No habían pasado cuarenta minutos de iniciada la hecatombe cuando el General Francisco S. Carrera Torres con 200 soldados de caballería divididos en patrullas, trataban de auxiliar a los habitantes de las zonas bajas, logrando con esto evitar mas muertes.
Todo el cuerpo de policía se unió a las fuerzas federales en este trabajo emergente, perdiendo la vida 2 uniformados al tratar de rescatar a varias personas.
Cuando amaneció la mañana del 16 de septiembre de 1933, el escenario era dantesco, muerte y destrucción por todos lados, la mitad de la ciudad estaba destruida.
Los puentes de Morales, Santiago, La tercera Chica y Soledad fueron barridos hasta los cimientos, el puente del ferrocarril (que ahora le decimos Naranja) que cruza el río Santiago fue severamente dañado por lo que se suspendió en tránsito ferroviario, quedando detenidos dos trenes de pasajeros y dos de carga hasta que se pudo reparar provisionalmente el puente, que le decía entonces de “El Viaducto”.
“La Granja” negocio y zona de recreo del Sr. Puyou desapareció por completo, también desapareció el viejo Teatro Arista en la esquina de Darío de los Reyes y Damián Carmona, sobre avenida de la paz, la plaza de toros la constancia resistió convirtiéndose en un contenedor de agua que duró varios días. Fueron 170 los cuerpos recuperados, de fallecidos en ese evento, no se contabilizaron los heridos ni los que fallecieron después a consecuencia de lo mismo, tampoco se consideraron los desaparecidos que junto con los heridos fueron muchísimos mas que los muertos, las casas destruidas o afectadas se contaron por miles. (alrededor de 4,000)
El domingo 17 gran parte de la población auxiliaba al ejército en su labor de remover escombros y desenterrar muertos.
De los dos policías que murieron en cumplimiento de su deber al rescatar mujeres, niños y ancianos, no conocemos ni sus nombres, sabemos de ello porque así lo mencionaron simplemente en los periódicos de esas fechas…. “dos policías”…..
Nunca se había visto tanta miseria y desolación pero también fue el momento de más solidaridad del pueblo potosino; como auxilio externo vino el primer batallón de zapadores al mando del Coronel Cravioto.
El ejército y particulares instalaron comedores, la gente se desprendía de sus cosas para compartirlas con los que habían perdido todo, el comercio en general aportaba lo poco y lo mucho que se necesitaba. El gobierno federal aportó una cantidad (¿?) que supuestamente se entregó al presidente de uno de los comités formados para paliar la desgracia: la realidad es que del destino de esos recursos ya no se supo nada, pero surgió un rico de entre la desgracia.
Era Gobernador Constitucional del Estado, el Gral. Ildefonso Turrubiartes pero las crónicas de esos días no mencionan nada respecto a acciones o labores realizadas por él, hoy se sabe que su administración fue en el siglo XX la que presentó mayor desorden hacendario.
De los casos conmovedores que se dieron fue el hecho de haber encontrado el domingo 17 de Septiembre de ese 1933, un envoltorio de trapos atorados en unas ramas a 9 Km. de Tlaxcala, con una niña menor de 6 meses. La criatura había pasado 70 horas en ese lugar, sin alimentos pero ilesa, nadie la reclamó. Otro fue un niño de dos años dentro de un barril acompañado de una gata y siete gatitos recién nacidos, cuando el niño fue encontrado, cuentan las crónicas que sonrió y pidió comida.
Los cuadros macabros fueron los mas: al ser removidos los escombros de una casa fueron encontrados muertos en una misma habitación a los 7 integrantes de la familia, el perro y el perico que fueron aplastados al derrumbarse su casa.
Un señor de sesenta años había salido de su casa para buscar unas medicinas, dejando bajo llave a sus 5 nietos, un sobrino y su esposa.
Las escenas de madres corriendo, llorando, llamando con palabras dulces a sus hijos perdidos, fueron desgarradoras.
Esa noche del 15 de Septiembre de 1933 muchos quedaron huérfanos o viudos o sin hijos. El trauma de ese acontecimiento duró muchos años después, todavía en la década de los cuarenta cuando caía algún torrente pertinaz, la gente dejaba sus casas y recorrían las calles hacia el santuario, alertando a la población con gritos de “Se va a reventar la presa”…..

Fuente: revista “Alas” (órgano oficial de la 12ª zona militar) Nº 132 del 30 de sept. de 1933
Entrevista con Sr. Humberto Morones.
Dibujos (grabados) de J. Guadalupe Posada.

Para ver las fotos mas grandes y leer mejor el pie de foto de clic sobre la misma.


Marco Antonio Medina Leos comentó:
"….. recuerdo que mi abuelita Adelita contaba este suceso, ella vivía cerca de la corriente (av. reforma) y la hicieron correr hacía el santuario y se quedo afuera del hospicio dice que había tanta gente que ni se podía caminar y todos estaban rece y rece a la virgen de Guadalupe, patrona de aguas para que no se reventara la presa de San José……"